Artículos

 

1. ¿Qué es el Yoga?

2. ¿Qué es una Escuela de Yoga?

3. Gracias

4. Lo que esconde la palabra Corazón

5. El Servicio

 

...

"¿Qué es el Yoga?"


Podríamos plantear la pregunta de forma negativa: ¿qué no es Yoga?

       ·     Yoga no es una religión, aunque puede construirse una religión

          con el Yoga.

·     Yoga no es una filosofía, aunque puede filosofarse mucho sobre él.

·   Yoga no es un sistema de mejoramiento y desarrollo de la

          personalidad, aunque su práctica sí la desarrolla y mejora.

·     Yoga tampoco es un procedimiento de relajación, aunque relaja y

          previene el estrés.

·     Yoga no es hacer posturas raras, y menos contorsionismo, aunque

          posea unas técnicas posturales o asanas.

·      Yoga no tiene nada que ver con ser vegetariano, naturista ni cosas

          afines, con todo lo buenas que pueden ser para la salud.

·      Yoga no pertenece ni a Oriente ni a Occidente

·      Yoga no es una secta maléfica ni benéfica.

·     Yoga no es un sistema ascético ni un sistema para “pasar” del

          mundo y sus problemas.

·      Yoga ni siquiera es un modo de vivir...

·      Yoga no es nada de esto, aunque lo habitual es que se lo

               identifique con alguna o algunas de estas cosas.

 

Yoga es pura y sencillamente “conocer lo que uno ES”, y hasta que eso

no se produzca uno cree saber lo que es.

 

Y lo que somos ya Es, estamos llenos de nosotros mismos, sólo

necesitamos apartar los velos, como una escultura terminada que espera

ser mostrada al público.

 

Y esos velos se resisten a apartarse: nuestro cuerpo, nuestras emociones,

nuestros deseos, nuestros sentimientos, nuestra mente. Todo eso deber

ser desarrollado, equilibrado y, finalmente, vencido o trascendido.

 

Todos los procedimientos del Yoga (que no son el Yoga) tienen esa

finalidad: asanas, relajación, pranayama, concentración.....

 

Pero no nos equivoquemos, todos estamos en el mismo proceso, los que

decimos que hacemos Yoga y los que no tienen ni idea de lo que es eso.

 

La vida es un gran viaje y todos somos viajeros. Lo que pasa es que unos

lo planifican, lo preparan, hacen las maletas, otros, sin embargo, se ven

metidos en el tren de improviso, sin haberlo preparado y sin saber siquiera

cual es su destino.

 

La vida nos está invitando constantemente a que nos demos cuenta de

quienes somos.

 

Lo de fuera, toda esa fuente de experiencias, en particular las relaciones

humanas, son un espejo en el que nos miramos.

 

Es en la relación con los demás y con lo demás como se forman todos

nuestros problemas y también es la causa de nuestro aprendizaje.

 

Si la vida es lo que nos va enseñando a todos ¿Para qué la enseñanza

del Yoga? ¿Para qué ir al Yoga?

 

Para oír estas cosas.

 

Para provocar un impulso evolutivo, tranquilo, pero no lento sino sereno,

no traumático.

 

Para producir un cambio en el enfoque de nuestras prioridades.

 

Para desaprender cantidad de cosas, la más importante: que yo no soy lo

que creo ser.

 

Para recordarnos cuál es el propósito verdadero de nuestra vida:

 

CONÓCETE A TI MISMO.

 

 

"¿Qué es una escuela de Yoga?"


Una escuela de yoga es, ante todo, un lugar de enseñanza donde se imparten los conocimientos básicos sobre la Ciencia del Yoga; gracias a los cuales iremos paso a paso y con confianza introduciéndonos en el vasto mundo del Yoga.

  Esos ‘conoceres’ se convertirán en ‘cono-cimientos’ cuando sean sometidos al fuego de una práctica continuada o Sadhana; de ese modo, la escuela de yoga se configurará también como un verdadero lugar de trabajo e investigación; un laboratorio donde podremos ir experimentando con las poderosas herramientas que el yoga nos proporciona.

          A pesar de que la escuela de yoga es un lugar accesible para todos, sólo a los aspirantes sinceros, ‘aquellos que aspiran’ con mayor o menor anhelo, se les abrirán las ocultas puertas de acceso a las esencias del Yoga.

            Así, aunque para algunas personas la escuela de yoga haya supuesto un simple lugar de paso, para otras en cambio ha sido o es un lugar de paso hacia la interiorización, hacia una vida consciente, hacia nuestro verdadero ser. También, el paso por las escuelas de yoga contribuye sin duda a mejorar la condición de nuestros transitorios y efímeros cuerpos: físico, emocional y mental.

           Cuando todo lo anterior se va dando, la escuela de yoga, lejos de ser un mero local o establecimiento, irá convirtiéndose en un poderoso y mágico lugar de transformación, una especie de microondas donde tanto el profesor como los alumnos se verán bendecidos por una sutil gracia.

            Para guiar todo ese proceso, en una escuela de yoga nos deberemos encontrar con un profesor (‘que profesa’) que viva y trabaje con aquello que difunde; esa será la mejor garantía para poder estimular, con verdad y con fuerza, a los aspirantes que se acerquen al Yoga. Por ello, toda escuela de yoga debe ser un lugar de encuentro: encuentro con el Yoga, a través de su ‘re-presentante’ ─el profesor─, y encuentro con aquellos que sintonizan con una demanda o un anhelo semejante al nuestro. Todo ello contribuirá a la creación de un grupo humano (y espiritual) que enriquecerá enormemente el desarrollo de sus miembros y posibilitará lo que se viene en llamar: crear escuela.

            Pero aun con todo, la función trascendental de toda escuela de yoga ha de ser la de constituirse en un poderoso Cuerpo de Servicio que canalice la energía del Maestro de esa Escuela, que no es otra que la energía de la Jerarquía Espiritual; aquella que guía los destinos de la Humanidad hacia la Realización del Ser, o Suddha Dharma. Una vida sin Propósito ciertamente es un ‘despropósito’.

 

“Gracias”


Hoy nos hemos propuesto explorar esta sencilla y poderosa palabra.

Todos los días nos encontramos utilizándola puesto que forma parte de nuestros usos y costumbres sociales; ello ha hecho que muchas veces su utilización se haya vulgarizado y haya perdido su profundo significado.

Por lo general, nos sirve para expresar nuestro agradecimiento al recibir cualquier favor o atención. La palabra deriva de gracia (en latín gratia), la cual posee variadas acepciones, pero en todas subyace una cualidad o energía especial, una chispa o singularidad que nos sorprende y atrae, un don, incluso de orden sobrenatural.

Se puede tener gracia para contar chistes, para caminar o para bailar; se puede ‘estar en gracia’ o ‘caer en gracia’, o por el contrario que te den ‘el tiro de gracia’, lo cual tiene ‘muy poca gracia’.

Aunque la palabra gracia parezca un poco abstracta o mística, curiosamente uno puede entenderla rápida y claramente en su ausencia; lo llamamos: ‘des-gracia’. Así, podríamos afirmar una obviedad muy profunda: cuando no hay gracia hay ‘des-gracia'.

En ámbitos de la religiosidad o de la espiritualidad la Gracia (obligatoriamente hay que ponerla con mayúscula) tiene que ver con el Poder Divino, con los Dones de Dios. Normalmente vehiculado y representado en formas femeninas.

Solo puedes dar aquello que posees; no puedes dar algo que no tienes. Solo podremos dar gracias cuando nos encontremos en posesión de ella. Por ello, el agradecer surge de una lúcida conciencia que nos hace apreciativos y afortunados (análogamente también decimos agraciados).

Se dice que ‘es de biennacidos ser agradecidos’. En ocasiones, nuestras situaciones personales están tan distorsionadas que se nos hace imposible dar gracias a nada ni a nadie; así creamos un círculo vicioso (‘de desgracia’) donde falta la prosperidad en lo material y en lo espiritual.

El dar gracias puede convertirse en una actitud, en un gesto interior consciente que va impregnando todos nuestros actos, deseos y pensamientos. De ese modo, se va construyendo una vida entregada, ofrecida (Yagna) al Ser, al Bien Mayor.

¿Se puede dar gracias a Dios, cuando es Él el dispensador de toda Gracia? Claro que se puede; cuando vamos conectando y realizando la Esencia divina que Somos, podemos resonar con esa Gracia mayor que nos trasciende. La Gracia individual agradece a la Gracia trascendental y así somos bendecidos por ella.

Ese reconocimiento consciente de la Chispa divina que habita en nuestro Corazón nos posibilita dar gracias; cada vez con mayor sentido y profundidad.

GRACIAS A DIOS  y a todos sus canales: LA VIDA, MI MAESTRO, MI FAMILIA, MIS HERMANOS, MIS HIJOS, MIS AMIGOS, MIS COMPAÑEROS,…….

 

 

“Lo que esconde la palabra corazón”


Vamos a darnos el gustazo de pararnos en esta palabra tan usada que es: CORAZÓN.

Empezaremos por el significado más común; aquél que hace referencia al órgano fundamental de nuestro cuerpo, cuya misión no es otra que movilizar y distribuir esa sangre que contiene los nutrientes, el oxígeno y la vitalidad que las células necesitan. Cuando conquistemos la condición de verdaderos humanos-célula nos convertiremos en el poderoso corazón que bombeará abundante Amor al cuerpo-Humanidad. 

 

También es posible concebir la palabra corazón como 'coraza grande'Las corazas pretenden siempre ser protectoras: por ello, cuando todos juntamos fuerzas en un propósito común estamos mucho más protegidos; incluso sutilmente. Asimismo, deberemos estar muy atentos para no quedar excesivamente acorazados y, paradójicamente, ‘des-corazonados’; las corazas han de posibilitar también libertad de movimiento y apertura hacia los demás. 

La palabra corazón no sólo se queda en el ámbito más físico sino que nos traslada también a un mundo de emociones, de sentimientos. Los enamorados ‘sanvalentinos’ pintan corazones atravesados por ‘cupidas flechas’; estas cosas a los más fríos les resultan un poco ñoñas incluso les hacen ruborizar, pero no es menos cierto que la expresión de lo emocional siempre da colorido y nutre también nuestra vida afectiva. Dejemos aflorar también, por qué no, esa vibración emocional que nos vincula afectivamente y nos hace estar más unidos en este trascendente proyecto de vivir más plenamente. 

El ámbito mental no podía quedar ajeno; si rompemos la palabra corazón a nuestro gusto surgiría ‘co-RAZÓN’, es decir, en ‘compañía de la razón’. Para no extraviarse ni alucinar, a ese corazón físico y emocional deberá acompañarle la razón; joya luminosa de nuestra personalidad y primera luz que aparece en las tinieblas. Orientemos esa idea de unidad, de cuerpo-Humanidad, desde una razón ecuánime y sintética (‘razOM’), para que el estar juntos sea algo gustoso y ordenado, y no se confunda con estar revueltos. 

Al ocupar un lugar centrado y central en el cuerpo, también es usado el término corazón para referirse al centro, al núcleo o cogollo de algo; es un clásico decir que determinado establecimiento se encuentra en el ‘corazón de la ciudad’. 

También tiene relación con el origen desde el cual se gesta algo; por ejemplo, el corazón de la manzana. 

Al corazón también podemos relacionarlo con la Verdad, con el Amor. Cuando alguien dice algo ‘de corazón’, es que lo dice con Verdad, con sinceridad, con hondura y profundidad. Un santo decía a sus discípulos, “poner más corazón en vuestras manos”, instando a imbuir una actitud más amorosa y servicial en sus labores. 

Cuando decimos de alguien que tiene un gran corazón, no hablamos del tamaño de su músculo cardíaco sino de una persona en la que podemos destacar su bondad y humanidad. 

Es curioso observar como cuando nos referimos a nosotros mismos y nos nombramos con ese nombre que es común a todos: YO, la mano se va intuitivamente al lugar que en el cuerpo ocupa nuestro corazón. 

En el ámbito religioso cristiano se habla del Corazón de María, o del Sagrado Corazón de Jesús. En la Sabiduría Perenne que emana del Baghavad Gita se nos dice que lo Real de nosotros mismos, el Ser que Somos, nuestro Solete divino, nuestra más pura esencia, nuestro Espíritu individual, mora en el akasha o éter del Corazón. Es por ello que algunas personas intuitivas, con un acierto pleno, nos llaman por nuestro verdadero nombre: “CORAZÓN”. 

Para poder tener acceso a ese divino lugar, nuestro     ‘c-ORA-zón’ guarda la clave en su interior: ora, medita. ¡Queda contigo Corazón! ¡Reúnete y ‘re-únete’ con Él todos los días! 

Por todo lo dicho, podemos apreciar que el término Corazón se relacionaría con los tres ámbitos de la personalidad: físico, emocional y mental, y también con lo más sutil: el ámbito transpersonal o espiritual del individuo.

                                                                      Un abrazo CORAZONES

 

 

"El Servicio"


La palabra SERVICIO se utiliza sobre todo para designar `labores de ayuda a los demás´. Tenemos así el servicio de taxi, de bomberos, de grúa, el servicio doméstico, etc. Incluso aquel lugar que nos `sirve´ para realizar algunas de nuestras necesidades corporales básicas recibe también el mismo nombre.

 

Al disfrutar de una gran valoración social (incluso desde ámbitos religiosos se predica con insistencia sus bondades) al carro del servicio se quiere apuntar todo el mundo. Así, los comerciantes dan un servicio; los bancos y cajas de ahorro también lo hacen; los militares y los políticos constantemente se jactan del que le prestan a la sociedad...

 

Todo ello está muy bien, cuando se hace bien. Pero en ocasiones, más de las debidas, se descubren tales fraudes, abusos o delitos, que la palabra servicio en boca de ciertos sectores de la sociedad empieza a sonar a paternalismo, falsedad y a mucha hipocresía.

 

La palabra Servicio es una palabra GRANDE, o sea una 'gran D'. Una gran D de Dar, de Darse, de Demás, de Disposición, de Don, de Dignidad, de Dedicación, de Desapego, de Deber.

 

Además de estas grandes "des" el servicio implica otras muchas des: desarrollo, diligencia, dinamismo, decisión, discreción, delicadeza, dulzura, disfrute, dosificar...

 

En el servicio confluyen dos elementos básicos: un ACTO y una ACTITUD; el Acto es lo visible y la Actitud es lo que se gesta en el interior del individuo. En algunos sectores, cuando alguien fallece desarrollando su trabajo, es frecuente escuchar aquello de "murió en ACTO DE SERVICIO"; lo que nunca sabremos es si en aquel momento había "ACTITUD DE SERVICIO".

 

Acto y Actitud se congenian armoniosamente cuando ocupamos `nuestro sitio´, y desempeñamos realmente nuestro 'deber personal', nuestra verdadera vocación. Desde fuera nadie puede juzgar si en una acción hay servicio o hay simplemente `auto-servicio´, muy lícito por otro lado. El `auto-servicio´ es una fase necesaria en el proceso de desarrollo, y se da cuando nuestro ego es aún muy protagonista.

 

Para servir bien a los demás hay que estar muy bien servido; no sirve el que quiere sino el que puede. Servir desde la pena, desde la culpa, desde la necesidad..., es útil, pero muy mejorable. Hay un tipo de carácter estudiado en psicología que se denomina el del `ayudador´, en el que detrás de su aparente virtud subyace una actitud orgullosa y una gran necesidad de reconocimiento personal.

 

Así, aunque nuestro servicio sea humilde o esté contaminado por nuestro necesitado ego, tenemos que empeñarnos en desarrollarlo con disfrute y con el mayor desinterés posible. El servicio siempre nos posibilita crecer, desarrollarnos, encontrarnos, conocernos.

 

De todo ello podrían derivar dos nuevos conceptos, la CANTIDAD y la CALIDAD de Servicio.

 

La Cantidad estaría relacionada con nuestro ego. Cantidad viene de `cante´, de `cantada´; y es que a nuestro ego le gusta dar el `cante´, lucirse, adornarse. Necesita número; cuanto más grande mejor. Número de favores, de `buenas obras´, de todo aquello que le dé distinción y notoriedad; somos competitivos incluso en eso.

 

La Calidad estaría relacionada con nuestro aspecto más Humano, que es generoso por demás. Calidad viene de Calor, de Calar; así, el Solete que Somos cada uno de nosotros, impregna de Calor todas las acciones del ego, convirtiéndolas en acciones de `gran calado´.

 

Para ello necesitamos poner mucha presencia en `visitar´ nuestras acciones en nuestro día a día. Al estar muy presentes y atentos en ellas, podremos descubrir cuales son las fuerzas, deseos, motivaciones o necesidades que nos mueven a actuar. En todos nuestros actos subyacen matices interesantes para poder reconocernos y realizarnos como seres Humanos. El Servicio es el Amor hecho obras; nos humaniza y nos otorga felicidad. El sabio Rabindranath Tagore decía con belleza y verdad:

 

"Dormía y soñaba que la vida era alegría,

desperté y vi que la vida era servicio.

Serví y vi que el servicio era alegría"

 

Ojalá cada uno de nosotros en nuestros respectivos ámbitos de trabajo podamos mantener actitudes más SERVICIALES para que nuestras sociedades sean cada vez más prósperas, material y esencialmente.

 

De ese modo, el 'tra-bajo' se convertirá en 'tra-alto' y en vez de 'tra-bajar' conseguiremos 'tra-subir'.

 

                                                             Buen Servicio!!!!!!

Escuela de Yoga

Sanatana Dharma

Avda. de Goya, 85

50005 Zaragoza

Tél. 600 540 684 

yogasolete@gmail.com

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Prácticas sencillas

para una vida

PLENA